viernes, 30 de septiembre de 2016

Carta a Sara. Cómo votaré el Plebiscito


Sólo a ti estoy obligado a explicarte cómo votaré este domingo





Cuando naciste Sara Lucía, el 18 de marzo de 2009, tu país estaba en una discusión con otros países porque nuestros soldados y policías habían matado unas semanas antes a un jefe de la guerrilla en Ecuador. ¿Recuerdas cuando viajamos a Quito por tierra, pasando por el Putumayo hace  un año? Fue por ahí, entre Colombia y Ecuador, que ese ataque se hizo. Allí murió el señor Raúl Reyes, uno de los jefes de las Farc, a quien yo había entrevistado para la televisión, largamente, unos años antes.

Los ecuatorianos estaban muy bravos con Colombia pues no se permite que un país lleve sus soldados a otro sin pedir permiso. Y menos disparar.

Y en esos días que naciste, la Justicia colombiana había ordenado capturar a otros jefes guerrilleros por maltratar a un bebé llamado Emmanuel, que había nacido cuando su mamá, Clara Rojas, estaba secuestrada por esos señores.

Y en esos días que estabas comenzando a ver la luz del mundo, los guerrilleros pusieron una bomba y dejaron sin agua a la ciudad de Villavicencio, acá muy cerca de Bogotá. Y habían atacado a unos policías, y el presidente Uribe ofrecía pagar mucho dinero si capturaban a los jefes de las Farc y a otros grandes bandidos. Y pasaban muchas cosas malas.

Y han seguido pasando y seguramente vivirás cosas malas cuando estés joven. El mundo en general es de cosas buenas y malas.

Este domingo, como ya sabes y has hablado conmigo, los colombianos adultos votaremos para decir si estamos de acuerdo o no con el trato (así lo llamas tú) entre el presidente Santos y los guerrilleros.

Ya sabes que a mí me tocó, como periodista, contar muchas cosas malas que hicieron los guerrilleros: atacaron pueblos, asesinaron personas, se llevaron a otras, pusieron bombas. Una de esas bombas destruyó la casa de unos primitos tuyos en Neiva.


Y el trato dice que los guerrilleros entregarán sus armas, no dispararán ni pondrán más bombas; que pedirán perdón a la gente a la que le hicieron daño, que ayudarán a quitar las bombas que pusieron en los caminos. Y también que el gobierno hará cosas mejores para los campesinos y los más pobres. Pero también dice el trato que esos jefes de la guerrilla no irán a una cárcel por esas cosas malas, como sí van los demás bandidos, y que luego podrán ser alcaldes y hasta presidentes del país. Y además les daremos dinero.

¿Cómo votará tu papá entonces?
Es muy malo que esos señores no vayan a una cárcel como se lo merecen, pues es un mal ejemplo para los demás, y más malo que después puedan ser nuestros alcaldes o presidentes.

Y no es bueno que esos señores de la guerrilla no pongan plata, pues tienen mucha escondida, para darles a las personas a las que le hicieron daño. Y por eso es malo que, en lugar de eso, les tengamos que dar plata a ellos.

Y es malo que tengamos que hacer unas leyes para que ellos se beneficien después de hacer tanto daño.

Y no es cierto que ahora sí estaremos en paz y que toda la plata de esta guerra se gastará en cosas muy buenas. Porque seguirás viendo otros bandidos, especialmente unos que han hecho mucho daño porque fabrican y venden drogas malas a otros países.

Pero, finalmente, siempre será mejor que estos señores de las Farc no tengan armas y no pongan bombas. Y que pidan perdón, ojalá sinceramente, y que se dediquen a trabajar en los campos y las ciudades en lugar de dañar a los demás. Y que realmente ayuden a acabar ese negocio de las drogas malas.

Y será mejor para tu país que los demás países sepan que acá se acabó una guerrilla que existe desde hace más de 50 años. Y que cuando vuelvas a viajar al extranjero no te miren mal solo por ser colombiana. Claro, te podrán mirar mal porque seguirá desde Colombia el negocio de las drogas malas. Pero habrá un motivo menos.

Y ojalá todo lo que se deje de hacer y gastar contra los guerrilleros, se haga contra esos otros bandidos y los que venden drogas malas; y que ahora sí los campesinos, como lo son tus abuelos, sí reciban lo que merecen, y que todos los niños – no solo unos pocos - tengan la mejor educación, comida y diversión.

Y que los más ricos puedan ser ricos pero que los más pobres sean menos pobres y ojalá puedan ser ricos. Y que nos respetemos todos sin importar lo que pensemos, del color que tengamos, de cómo seamos o lo que hagamos en nuestras vidas sin dañar a los demás.

 Y ahí SÍ puedas decir que vives en un país en paz.


Por eso, por dar una oportunidad de que eso se haga y puedas aspirar realmente a un país mejor cuando seas grandecita, votaré SÍ.

Y a quienes voten NO, seguiremos creyendo que son nuestros amigos, vecinos y colombianos. Sobre todo aquellos que han sido dañados por las Farc  y sienten que no habrá justicia ni reparación. Ellos sí que tienen motivos.
Y diremos que sus motivos son tan válidos como los nuestros. O más. De eso se trata, de respetarnos para empezar a vivir en paz.

Sara Lucía ¿me autorizas a que otros lean esta carta? 

Tu papá, Melquisedec

No hay comentarios:

Publicar un comentario