sábado, 4 de octubre de 2014

¡Qué ejemplo de país este!

Melquisedec Torres
Periodista

Dolorosa, lamentable, dramática, triste. Pongamos todos los adjetivos sinónimos. La muerte de una jovencita de un colegio bogotano, ahogada en el río Amazonas durante su excursión escolar ha sido así, al igual que las lesiones de varios de sus compañeros, sorprendidos en la madrugada del jueves 2 de octubre pasado cuando iban hacia una reserva indígena, producto de un accidente que – como todo hecho fortuito – podría o no haber sido prevenido. 

El choque de embarcaciones ligeras en los ríos del mundo es cosa corriente, en horas diurnas o nocturnas, con o sin sobre cupo o por o sin la imprudencia de sus motoristas. La vida en general es un accidente continuo de cosas que no prevemos porque no sabemos, o si sabemos no tomamos las precauciones adecuadas o no tenemos cómo.


Reserva indígena Marashá, a donde se dirigían los muchachos del Colegio de Inglaterra

Un accidente, con una primaveral vida perdida.

Pero aquí volvemos, como todo lo que ocurre en este país de las desigualdades – el tercero o segundo o quizá primero más desigual del mundo porque los que nos pudieran ganar son, esos sí, realmente pobres –  a que las cosas se toman de acuerdo con la posición social, económica, política y/o geográfica en que ocurran. Veamos:

-       Fue una jovencita la víctima mortal del fortuito hecho. Mueren muchas jovencitas así en Colombia, en accidentes de río y mar, o en condiciones de mayor dramatismo como violadas o asesinadas, o durante el parto o arrolladas o dentro de un carro, o asesinadas por celos o por desigualdad de género o venganza. O por negligencia médica. O disparando tras ser reclutadas a la fuerza por la “revolución” o víctimas de trata de personas y prostituidas bajo amenaza. Decenas, cientos anualmente. No habría diferencia, lo lamentaríamos como los casos de todas las demás, nos solidarizaríamos directamente con su familia y amigos si los conociésemos.
-        
-       Fue una jovencita en una excursión de colegio por el río Amazonas, el más conocido del mundo. Ya hay alguna diferencia.
-        
-       El colegio es de Bogotá. Aumenta la distancia de impacto mediático frente a los otros casos.
-        
-       El colegio es del norte de Bogotá. Vamos en una mayor resonancia del hecho. Pero en el norte hay colegios públicos y privados, y entre los privados también hay algunos no tan notables.
-        
-       La jovencita es de un colegio del norte de Bogotá en el que estudian personas de alto nivel económico. El reportero y el editor de la emisora y el director del noticiero abren aún más los ojos y disparan todas las alarmas, disponen enviados especiales, apostan reporteros en el colegio, en el aeropuerto, ubican a la agencia de viajes, a directivos del colegio, a autoridades de Leticia, a oficiales de la Armada Nacional y van hasta la Cancillería. Y todos contestan y se ocupan del caso y anuncian ir hasta las últimas consecuencias o disponer lo mejor de sí para aclarar el accidente, y el Fiscal General – que recibe decenas de reportes de investigaciones cada hora de todo el país, de casos gravísimos de masacres, asesinatos, secuestros y asaltos – ordena un grupo especial para que investigue el ahogamiento en el río Amazonas de la joven de la excursión del colegio del norte de Bogotá donde estudian personas que pertenecen a los estratos 5 y 6.
-        
-       Y los directores de noticieros y analistas y ministros, cuyos hijos estudian en colegios similares, amplían el espectro de sus comentarios y plantean el gran debate en torno a las excursiones de colegios a sitios como el Amazonas, y la señora Ministra de Educación, que quizá no se entera con tanto detalle y atención de que ocurren tantas cosas graves con miles de muchachos en los colegios y escuelas de todo el país (embarazos a temprana edad, violencia entre colegiales y contra o de profesores, violaciones, abusos, edificaciones a punto de caer, niños que van a clases con hambre, profesores solitarios que deben dar clases a cinco cursos en alejadas veredas, chicos que deben caminar horas bajo el sol y la lluvia para llegar a las aulas, o cruzar puentes peligrosos, o no ir porque hay que ayudar en la casa)…
-        
-      Ah, iba en que la señora Ministra se ocupa también del accidente y exige que se cumplan todos los protocolos que la Ley – la Ley, esa pócima milagrosa que tenemos para todos los problemas del país – en materia de planes vacacionales y seguridad fluvial y todas esas cosas formales que evitan los accidentes y los muertos.
-        
-       Vea pues, me faltaban el Procurador General de la Nación y el Defensor del Pueblo, que anunciaron todo su empeño tanto en esclarecer los hechos y castigar a los responsables como en verificar que se cumplan condiciones estrictas para los paseos de colegios.

Hermoso país este, que se ocupa a fondo, con toda su energía, en atender un accidente fluvial, incluyendo un avión expreso de la Fuerza Aérea Colombiana para trasladar de inmediato a los heridos a mejores centros de salud que el hospital de Leticia que, como lo describió un médico, padre de uno de los heridos, está en malas condiciones y su falta de recursos, especialistas y atención es “extrema”. Y que todas sus autoridades - del más alto nivel - se preocupan y hablan y dan órdenes y mandan comisiones y equipos especiales, y las sofisticadas clínicas ponen a sus mejores médicos para brindar atención de calidad superior. Y nuestra diligente Canciller haciendo uso de sus facultades para coordinar con su par peruano, y la FAC y la Armada, el Fiscal y el Procurador, el Defensor del Pueblo y los ministros del Interior y de Educación. Y los medios de comunicación, con el gran sentido de la responsabilidad social, abren páginas, noticieros y emisiones con “todos los detalles” de la tragedia de la jovencita estudiante del colegio del norte de Bogotá donde estudian muchachos cuyos padres son de alto nivel económico, ahogada en el río Amazonas.

Magnífico todo, ejemplo de eficacia, eficiencia y efectividad de un Estado que sí sabe atender a sus habitantes, que se preocupa al máximo por sus menores de edad, que irá hasta las últimas consecuencias para castigar a los responsables de este drama sin igual. Y qué valor, objetividad y capacidad de reacción de nuestros medios de comunicación para darle al asunto el mayor despliegue. Hermoso país, ejemplo de Nación y Estado.


Ah, pero solo me queda una pequeña duda, una pregunta pendeja: ¿actúan, actuamos y reaccionamos así – se mueve el Estado - en todos los casos sin importar que la víctima o víctimas sean de Bogotá o Guapi o Pitalito o Tamalameque, que estudien en colegio público o privado, que vivan en el norte o en el oriente o en el sur, que sus familias tengan más o menos capacidad económica, que se llamen así o asá? Perdonen la pendejada de dudas.  

Octubre 4 de 2014

jueves, 28 de agosto de 2014

De dos cosas alucinantes

El embrujo Maya
Melquisedec Torres
Periodista
Invito a leer esto advirtiendo que no pretendo - porque no puedo en este caso - parecer imparcial.

Se está volviendo alucinante el análisis que algunos poderosos columnistas y periodistas hacen, a diario o semanalmente, de las controversias políticas, perdiendo de lejos la sindéresis y el buen juicio que uno esperaría de quienes gozan del privilegio de generosos espacios en los más fuertes medios de comunicación. Me referiré a dos casos.

1. La columna más reciente de Antonio Caballero en Semana titulada "Los hermanos enemigos". He escuchado a varios líderes de opinión y periodistas decir que fue un escrito "genial", "muy creativo", "propio de un gran escritor", "impresionante retruécano, juego de palabras", y que en modo alguno puede considerársele un agravio o cosa parecida contra el ex ministro Fernando Londoño, quien es comparado (1 x 1) con el jefe de las FARC "Timochenko". Véase no más este aparte: "No solo porque ambos hayan sido perseguidos y condenados por la Justicia. El exministro (de Justicia) por la Superintendencia de sociedades, la Procuraduría, la Corte Constitucional y el Consejo de Estado, por abuso de autoridad, conflicto de intereses y prevaricato; y el guerrillero también por otras tantas instancias judiciales por asesinato, secuestro, asalto y reclutamiento de menores y delitos conexos".

Más allá del odio visceral que algunos puedan sentir por cualquiera de los dos personajes - y uno está en todo su derecho de amar u odiar a alguien o ser indiferente - es alucinante que se puedan comparar las conductas - objetivamente señaladas - de uno y otro: Londoño cometió abuso de autoridad, irrespeto a la autoridad y conflicto de intereses, y fue sancionado por la Procuraduría. Incurre Caballero en crasos errores, en un columnista de esa estatura, pues ni la Supersociedades ni la Corte Constitucional "condenan", y las sanciones contra Londoño fueron impuestas únicamente por la Procuraduría que, a su vez, no hace parte de la Rama Judicial, de manera que el abogado caldense no ha sido ni "perseguido y condenado por la Justicia", sino por faltas disciplinarias. En fin.

El otro, "Timochenko", es responsable de terrorismo, asesinatos, secuestros, asaltos, mutilaciones, reclutamiento de menores y un sinnúmero de delitos más contra la vida de miles de personas. ¿Ha asesinado a alguien Londoño Hoyos, le ha puesto una bomba, ha mutilado seres humanos? Contrario a ello, el ex ministro fue víctima de uno de los atentados más impresionantes cometidos contra alguna persona en el país, cuando las mismas FARC (mandadas por "Timochenko") pusieron una bomba de avanzada tecnología contra su vehículo a plena luz del día, en una céntrica calle congestionada de Bogotá, asesinando a dos valientes escoltas y dejando herido a su "objetivo". Pero no solo ello. Hace ya 45 años su padre, Fernando Londoño Londoño - calificado por muchos como el más grande orador en la historia nacional - fue víctima de secuestro porque los secuestradores creían que él era el dueño del estadio de Manizales que llevaba su nombre; su tío Hernán fue secuestrado en 1987 por el EPL en Riosucio y luego asesinado, al igual que el esposo de una sobrina, Luis Fernando Gallo, quien murió también a manos de sus captores.

Alucinante que se pueda llamar "genial escrito" aquel en que se pone en el mismo plano de responsabilidades a la víctima (Londoño) y al victimario ("Timochenko") como lo hace Caballero: "Los dos son dueños, o esclavos, de una retórica ruidosa y ampulosa, campanuda, hiperbólica y teatral. Incendiaria. Pensada –o ni siquiera pensada: nacida naturalmente – para incitar a la violencia".

Dije al inicio que no puedo aquí parecer imparcial. Trabajé con Fernando Londoño en Radio Super (no Radio Santafé como también se pifia Caballero), como Jefe de Redacción de su programa La Hora de la Verdad durante 32 meses, de lunes a viernes, compartiendo cabina y consejos de redacción unas seis horas diarias. 
En varias ocasiones controvertí sus opiniones, puntos de vista y relatos, al aire y en los consejos de redacción; otros los compartí, unos más los disfruté como aquellos de historia universal que ejecuta con increíble capacidad intelectual y memoria, sin un apunte siquiera a la mano, y muchos más fueron intercambio de banalidades sobre el deporte o el chismorreo político. Respetó mi opinión siempre, excepto una sola vez cuando, en una polémica intrascendente sobre toros y erotismo en la Feria de Manizales, decidió privilegiar su postura a favor y en contra de una y otra cosa, y en un arranque de enojo suyo y mío, decidí abandonar el programa. Londoño, por encima de todas sus virtudes y defectos, tiene una característica esencial: es honesto con lo que piensa y lo dice, no se escuda en el periodismo para dárselas de "objetivo" o "imparcial", desde el primer día de su programa anunció que sería un espacio radial con un enfoque ideológico hacia la derecha. Y así ha sido. 
Hace ya ocho años que salí de su programa radial (que ahora emite en Radio Red de RCN).

Y quizá hasta sea razonable en medio del berenjenal político que varios columnistas, líderes de opinión y políticos compartan la absurda comparación de Caballero. Lo que me suena muy harto cuestionable es que periodistas - periodistas (como diría doña Vicky) asuman que eso está muy bien, que Londoño se lo merece, que sí es equiparable y equivalente el ex ministro al asesino "Timochenko". Y dejen ver su odio, inquina o animadversión contra el abogado en el cubrimiento noticioso y en sus opiniones vertidas en las redes sociales, perdiendo las proporciones que dan la razón y el buen juicio. 

¿Dirían lo mismo si Caballero comparase - en el mismo plano - a Iván Cepeda con Carlos Castaño, a Piedad Córdoba con Mancuso, a Jorge Enrique Robledo con "Don Berna"? Dudo mucho que el mismo Caballero lo haga. Y no debería hacerlo porque sería igual de injusto a lo que ha hecho con Londoño Hoyos. 
Imperio Maya
2. Fue electo (no elegido, que es el predestinado, escogido por Dios para lograr la gloria), el abogado Edgardo José Maya Villazón como nuevo Contralor General de la República. Maya, "elegido" realmente por la Casa de Nariño, llega a otro alto cargo de la Nación no propiamente en medio de vítores unánimes de los medios y opinadores, pero sí tranquilo y sin ningún cuestionamiento ni controversia.

Y vaya uno a ver. Maya, en su ejercicio como Procurador General por ocho años, hizo de su cargo lo que todos sus predecesores y sucesores: convertir a la entidad en un botín político gracias a más de 700 cargos con jugosos sueldos, el menor de ellos entre 8 - 10 millones de pesos mensuales. Pero también ejerció de notable "chuzador": mantuvo en uno de los pisos superiores una central de interceptación de comunicaciones - que ninguna Ley o norma inferior le autorizaba - ¿para qué? Pues para escuchar subrepticiamente a quien le viniese en gana. ¿Alguien se escandalizó por esto, pidió explicaciones, armó debate? Varios ex funcionarios del extinto DAS han sido destituidos y/o condenados - con todo acierto - por esa misma práctica. ¿Alguien ha cuestionado al nuevo Contralor por esa oscura sala desde donde cuántas cosas ilegales se hicieron?

Y un detalle igual o más revelador del paso del vallenato Maya por la Procuraduría: en enero de 2003 estremeció al país anunciando que investigaría a 206 congresistas (senadores y representantes a la Cámara, es decir a casi todo el Capitolio) por tráfico de influencias en el nombramiento de 540 funcionarios del entonces contralor Carlos Ossa Escobar. Un año y medio después, Maya y su viceprocurador Carlos Arturo Gómez Pavajeau ya habían absuelto a casi todos los congresistas o, peor, habían dejado prescribir (paso inexorable del tiempo) o anulado la mayor parte de los casos. El sonoro caso terminó en una risible sanción de unos días de salario contra el senador Jaime Dussán y otros siete congresistas, y las tres cabezas de la Contraloría: Ossa Escobar, José Félix Lafaurie, vicecontralor, y Mauricio Casasfranco, director administrativo. Los restantes 198 parlamentarios gozaron de la absolución, nulidad y prescripción del Imperio Maya.

Debo recordar que esa multitudinaria absolución fue mantenida en silencio por los medios de comunicación en 2004 pese a que, un año atrás, habían elevado a la gloria celestial a Maya por atacar la politiquería y el clientelismo en la Contraloría. La descubrimos por derecho de petición a mediados de 2004. Nadie volvió a ocuparse de esa enormidad a tal punto que ahora, diez años después, tendremos a Maya como jefe del control fiscal.